ELIA ARMERO
Recientemente apareció una noticia interesante en un conocido periódico nacional, cuyo titular decía: “Un grupo español crea un nuevo ‘Super-ratón’ resistente al cáncer”, lo que podía hacernos pensar que se trataba de otro estudio realizado a ratones que no se podrá aplicar a la naturaleza humana. Pero si leíamos la noticia en su totalidad descubríamos que está vez era distinto.
Al parecer, un grupo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha descubierto la posibilidad de combatir al cáncer desde el interior del ser vivo, es decir, desde su propio código genético. Como viene siendo habitual en este tipo de estudios, los experimentos los sufren un montón de animalillos criados con ese fin en la fría mesa de un laboratorio, pero merece la pena el intento. En esta ocasión, se ha descubierto que existen tres genes, de los centenares implicados en un proceso cancerígeno, especialmente interesantes. Su denominación en el ámbito científico es: p53, Ink4a y Art. La particularidad que les hace diferentes del restante material genético es que aparecen inactivados en un alto número de tumores, lo que viene a significar que en su actividad normal tendrían una gran predisposición para proteger al ser vivo contra una enfermedad de este cariz. Pues bien, la innovación surge cuando desde el prestigioso centro descubren que con una copia extra de cualquiera de los tres genes anteriores se conseguiría proteger a los roedores del cáncer.
Este tipo de noticias alentadoras, que no aparecen lo suficientemente reflejadas en los papeles, son fruto de intensos estudios científicos y del afán por alargar la vida de las personas, mientras otras noticias, que sí aparecen publicadas cada día, apuntan hacia todo lo contrario, su sufrimiento y desaparición. La noticia destaca el funcionamiento de estos tres genes, ya que cuando una célula se ve atacada por cualquier tipo de estrés, o ve dañado su ADN, los genes lo detectan de inmediato y disparan dos tipos de procesos: o bien un suicidio celular (las mata), o bien un estado durmiente de la célula. En el caso de que estos mecanismos fallaran, la célula se vería desprovista del control que evitaría la aparición del cáncer. De este modo, los estudiosos han averiguado que con la introducción artificial de una copia extra de un gen en el genoma de los ratones se consigue elevar la resistencia a la aparición de cáncer. ¡Todo un descubrimiento!
No obstante, como siempre, la parte negativa existe. En esta ocasión, la activación de los dos tipos de procesos comentados puede acelerar el envejecimiento, además de acortar la vida de los seres que experimentan este cambio. Ahí es cuando adquieren protagonismo los denominados súper-ratones, los cuales no sufren esta circunstancia negativa. El motivo es sencillo: los genes extra introducidos en el material genético no permanecen activados todo el tiempo, sino que se ponen en funcionamiento únicamente cuando la célula se ve sometida a cualquier peligro.
Los investigadores han puesto toda su confianza en este experimento para aplicarlo en los seres humanos, puesto que se encuentran estudiando la posibilidad de que incluso la duplicación extra de alguno de estos genes pueda haberse desarrollado ya de manera natural en algunas personas. No obstante, por el momento la resistencia al cáncer solamente se ha observado en los citados roedores.
En la actualidad, todos los remedios contra el cáncer que existen buscan la creación de moléculas que aniquilen el tumor maligno, pero el problema que les invade suele repetirse en cada procedimiento: evitar que maten también a las células normales. Para ello, los súper-ratones indican que es posible encontrar una clase completamente desconocida de fármacos que activen los genes protectores justamente antes de que el proceso canceroso se manifieste y los destruya. De este modo, no acelerarían el envejecimiento ni la muerte. Parece que el camino que combate el cáncer está dentro de cada uno, solamente hace falta construirlo y ayudar a su desarrollo. Y es que, al final, todo remedio está dentro de uno mismo.
- Artícle publicat a Opinar.net el gener de 2005
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